Arabia Saudí se lo juega todo en el mercado energético mundial

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Hace casi un año la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) sorprendió al mundo con su decisión de mantener su cuota de producción en 30 millones de barriles diarios, ante una incipiente caída de las cotizaciones y una emergente sobreoferta global. El cambio de estrategia provocó una caída mayor de los precios y se vio como un plan orquestado por las autoridades de Arabia Saudí, y liderado por el ministro de Petróleo, Ali Al Naimi, para mantener e incluso incrementar su cuota exportadora a largo plazo, a costa de tumbar a otros países productores como EEUU, Rusia e Irán, que podrían arrebatarle su posición de liderazgo en el mercado mundial del petróleo, con sus más de 11 millones de barriles producidos al día (MMbd).

Además, la petrolera estatal Saudi Aramco bajó los precios de suministro de petróleo, sobre todo para Estados Unidos y Asia, principales destinos de las exportaciones, lo que ha facilitado aún más los envíos saudíes durante este año. La estrategia ha favorecido también una producción récord dentro de la OPEP, que ha logrado los 31,57 millones de barriles diarios, pero que plantea serios interrogantes, como cuánto aguantarán los países cuyo presupuesto depende del petróleo en este nivel de precios por debajo de los 50 dólares o cómo afectará al mercado la nueva entrada de Irán en el comercio mundial, tras el levantamiento de las sanciones.

Difícil es predecir cuál será la situación en 2016 ya que desde hace un año las reglas del juego cambiaron para siempre. Daniel Yergin, historiador de la industria petrolera, explica que la postura mostrada por la OPEP tras su reunión de noviembre de 2014 fue “algo histórico. El cártel mandó un mensaje que dejaba entrever que la OPEP ya no iba a ser el gerente del mercado. El mercado será el nuevo gerente del propio mercado... Cuando se producen este tipo de movimientos sorpresa, los precios pueden llegar a los niveles que hemos visto”, explica el experto en relación a los precios alcanzados hasta la fecha y que han hecho olvidar el papel moderador representado hasta entonces por Arabia Saudí.

Los expertos apuntan a que el comportamiento saudí en el mercado mundial del petróleo tiene sus antecedentes en la década de 1980, cuando el barril de petróleo se desplomó por debajo de los 10 dólares. En ese momento, los saudíes recortaron su producción y perdieron participación de mercado porque otros miembros de la OPEP continuaron produciendo tanto petróleo como pudieron. Durante los últimos años, el principal productor y exportador había utilizado su posición privilegiada para mantener, en la medida de lo posible, una oferta mundial acorde con la demanda del momento, lo que había ayudado hasta ahora a mantener el precio relativamente estable. Es lo que se conoce como swing producer o productor de equilibrio. Comos se puede observar en el gráfico, cuando Arabia Saudí alteraba su producción, unos meses después tenía su efecto en la variación del precio, que aumentaba o disminuía.

Evolución de la producción de petróleo saudí

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Sin embargo, durante el verano de 2014 y los primeros meses de otoño, el máximo productor de la OPEP (ver gráfico 2) decidió dejar de ejercer como mediador para pasar al ataque. Al contrario que el sistema de precios de netback que utilizó en los 80 para recuperar cuota de mercado, desde finales de 2014 lo está haciendo de forma muy controlada. Esta maniobra forzó una caída mayor de las cotizaciones, aprovechando que su economía podía asumir un largo periodo de bajos precios gracias a sus cuantiosas reservas de crudo y sobre todo a su competitividad en costes de producción, generando numerosas teorías económicas y geopolíticas.

La mayoría apuntaban a una guerra abierta contra el fracking de Estados Unidos ante su nueva capacidad de producción y el riesgo de que ésta provocase una mayor reducción de las exportaciones saudíes. Y es que Arabia Saudí y otros productores árabes han perdido un mercado de tres millones de barriles diarios en Estados Unidos, hacia donde dirigían la mayoría de sus exportaciones y que ahora ha sido ocupado por los productores domésticos de petróleo de esquisto. Aunque tal como señala Andrés Ortega en un artículo para el Real Instituto Elcano, también se barajó que la nueva postura pudiese ser una acción concertada con EEUU, ya que el país norteamericano ha sido un aliado tradicional de la monarquía saudí, gobernada desde enero por el rey Salman Bin Abdulaziz al Saud.

Otro país fuera de la OPEP, Rusia, podría ser un enemigo común, en su posición como potencia productora con 10,84 MMbd el año pasado frente a los 11,5 MMbd de Arabia Saudí, según BP Statistical Review 2014. El país presidido por Vladimir Putin ha iniciado además una carrera por las exportaciones a Asia superando a las saudíes en mayo de 2015.

Y por otro lado, una de las presuntas motivaciones que ha cobrado más fuerza últimamente es la intención de dañar el mercado iraní, tradicional enemigo de Arabia Saudí tanto económico como político y religioso debido al enfrentamiento entre chiíes (Irán) y suníes (Arabia Saudí) que dura más de 30 años. Las relaciones entre Riad y Teherán, tensas desde el establecimiento de la República Islámica en 1979, han empeorado estos últimos años a raíz de la crisis siria y la guerra en Yemen en la que combaten en bandos enfrentados. Además se ha añadido un nuevo ingrediente.

Y es que ahora Irán podría hacerle mucho daño a Arabia Saudí tras el levantamiento de las sanciones al comercio mundial por parte de Occidente, que podría aportar al mercado unos 3,6 millones de barriles diarios adicionales en cuestión de meses.

Por su parte, Bloomberg aboga por que los actuales precios del petróleo forman parte del plan de Arabia Saudí para alargar la era del crudo ante la amenaza de las energías renovables. ”Sea cual sea el motivo, lo que está claro es que Arabia Saudí parece haber iniciado una guerra de precios bajos, lo que añade incertidumbre al curso que puede tomar en los próximos meses el precio del crudo”, asegura un análisis de La Caixa Research.

¿Está teniendo éxito?
Las opiniones son dispares pero en términos generales los expertos coinciden en que sí, aunque a un menor ritmo del que se esperaba y debilitando incluso a la propia Arabia Saudí. La Agencia Internacional de la Energía (IEA por sus siglas en inglés) ha señalado en su informe mensual que la estrategia de la OPEP, liderada por Arabia Saudí, está surtiendo efecto.

La institución determina que la demanda dirigida a la OPEP subirá a 32 millones en el segundo trimestre de 2016, un nivel que no se alcanzaba en siete años, y eso será en detrimento de países de fuera del cártel, esencialmente EEUU, Rusia y el Mar del Norte. “El ritmo de crecimiento (de la oferta) en los países fuera de la OPEP está disminuyendo a casi nada; la estrategia saudí está funcionando”, opina Michael Wittner, analista de Société Générale en Nueva York, al referirse a los esfuerzos de Arabia Saudí por mantener elevada la producción para obligar a los productores menos eficientes a salir del mercado, aprovechando que la explotación con nuevas técnicas como el fracking necesita unos precios altos del petróleo para ser rentable.

Y es que el coste de producción del petróleo depende tanto de la región como del tipo de extracción. El petróleo más barato de extraer es, precisamente, el continental de Oriente Medio, seguido a cierta distancia por el marino de plataforma y por el petróleo ruso continental. Entre los más caros está el petróleo de esquisto norteamericano. Según estimaciones de Rystad Energy, el precio medio que rentabiliza la explotación del shale se sitúa en los 62 dólares por barril, una cifra 2,5 veces superior a la de Arabia Saudí (ver gráfico).

Breakeven por regiones petroleras

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Por las características específicas de la industria del shale, se cree que un precio significativamente por debajo de los 100 dólares, como el actual, podría desalentar las nuevas inversiones de esquisto en EEUU, a pesar de las innovaciones tecnológicas, lo cual ayudaría a Arabia Saudí a mantener su cuota de mercado. Así, Estados Unidos protagonizará, según la Agencia Internacional de la Energía, la caída de suministro pronosticada para los países fuera de la OPEP para el próximo año, que podría disminuir en medio millón de barriles diarios. La producción estadounidense, hasta ahora sostenida por la revolución del shale, podría caer hasta los 12,56 MMbd en 2016, frente a los 12,75 millones de este año, según datos de la IEA, debido a la reducción del número de plataformas petrolíferas en funcionamiento, que ha marcado mínimos de 2011 este año. Asimismo, el número de licencias de explotación shale también se ha reducido, desde las cerca de 3.000 mensuales que se concedían en septiembre de 2014 hasta las 1.500 en diciembre de 2014, según datos de La Caixa Research, que coincide con los recortes de inversión en torno al 20 por ciento anunciados por las petroleras.

De paso, el petróleo más barato también está dañando los intereses de Irán, castigado hasta ahora por las sanciones económicas occidentales y que no se lanzará al mercado a cualquier precio. Se trata de la prolongación de “una rivalidad que se mantiene con Arabia Saudí y que es uno de los ejes sobre los que gira todo lo que está ocurriendo en Oriente Medio, aunque puede llevar a que Teherán y Bagdad dispongan de menos presupuesto para combatir al Estado Islámico. También le hace daño a los intereses de Rusia. Un petróleo más barato daña a su castigada economía interna, y también merma su capacidad de ayudar al régimen de Bashar Al Assad en Siria. En esto coincide plenamente con la política de Washington”, según publica Andrés Ortega en su análisis para el Real Instituto Elcano.

Pero la bajada de los precios del petróleo durante el último año no sólo ha logrado hacer tambalear los mercados contra los que presuntamente apuntaba Arabia Saudí (EEUU, Rusia e Irán). Son de sobra conocidos los efectos sobre otros países productores, incluidos algunos miembros de la OPEP, cuyos presupuestos dependen del petróleo y que están sufriendo un duro golpe a sus economías con las cotizaciones en niveles tan bajos, incluida la propia Arabia Saudí. En los últimos meses, las reservas de divisas del Banco Central de Arabia Saudí han bajado en cerca de 36.000 millones de dólares, ya que Riad ha tenido que utilizarlas para mantener su gasto público y financiar sus grandes proyectos de inversión, debido a la caída de los ingresos procedentes del petróleo, teniendo en cuenta que el 80 por ciento de los ingresos estatales saudíes provienen de las ventas de este hidrocarburo. Aún así, esto sólo supone el cinco por ciento de las reservas de divisas totales de las que dispone el país (750.000 millones de dólares). Lejos de amedrentarse, el gobierno saudí, incluido el formado tras la muerte del rey Abdalá Bin Abdulaziz al Saud en enero, ha mantenido firme su postura y ha anunciado en repetidas ocasiones que está dispuesto a invertir estas reservas en la “batalla mundial por el petróleo”.

Los más críticos apuntan, sin embargo, que aunque en 2014 el déficit del país fue moderado (ver gráfico), éste alcanzará en 2015 un 20 por ciento, la cifra más alta de su historia, según las previsiones. La tensión de ingresos podría ser también una fuente potencial de conflictos internos, en un país con una de las renta per cápita más altas de la región pero con escasas libertades, que se unen a los desastres ocurridos en la peregrinación a La Meca. También una reciente carta de un príncipe local publicada por el diario británico The Guardian  aludiendo a una crisis en el régimen del rey Salman, ha sacudido el panorama actual del reino.

Evolución del superávit del país

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En esta misma línea, Arabia Watch opina que la capacidad de Arabia Saudí para bombear petróleo al ritmo actual, cercano a los 11 millones diarios, no puede durar mucho tiempo más y tras un pico en la producción, experimentará un declive inexorable, como tarde en 2028. Para el geólogo del petróleo Jeffrey J. Brown y el Dr. Sam Foucher, la cuestión clave no es la producción de petróleo por sí solo, sino la capacidad de traducir la producción en exportaciones debido a las crecientes tasas de consumo interno. Tal como publica la ONU, la población saudí pasará de los menos de 29 millones actuales a 39,8 en el 2025. Si el país árabe continúa aumentando su demanda interna y su input de refinación, la cantidad de crudo disponible para exportar, puede bajar reduciendo sus ingresos por la venta de petróleo, que rozaron los 265.000 millones de dólares en 2014.

Perspectivas de futuro
Los factores a tener en cuenta para predecir el futuro próximo del mercado del petróleo son aún inciertos y suman nuevas variables como la consolidación de la sobreoferta global, que ha llegado a 200 millones de barriles y la entrada de Irán en la ecuación, por lo que muchos países productores se están moviendo para intentar controlar la situación. Las previsiones de la Agencia Internacional de la Energía de una menor demanda mundial para 2016 han alertado al mercado mundial, que prevé tener una mayor sobreoferta, que podría presionar los precios aún más a la baja después de un año entero de desgaste. Recordemos además que desde 2012, las economías de la OPEP –sin Irán– acumulan unas pérdidas de 200.000 millones de dólares hasta la segunda mitad de 2014, y que el agujero podría superar los 500.000 millones en 2015, en caso de que el precio medio se mantenga en torno a los 53 dólares por barril, según la EIA. En concreto, los ingresos netos de la OPEP procedentes de la exportación de crudo bajarán a 380.000 millones en 2015, lo que supone un descenso próximo al 60 por ciento en comparación con 2012.

Ante esta situación varios países del cártel, como Venezuela que es también uno de los que más ha sufrido el desplome de los precios, han abogado por reunirse con otros productores de petróleo en busca de un nuevo acuerdo que reoriente el mercado en su favor. El encuentro entre miembros de la OPEP y no OPEP (Azerbaiyán, Brasil, Colombia, Kazajistán, Noruega, México, Omán, Arabia Saudí, y Rusia) celebrado el pasado 21 de octubre en Viena para discutir la situación del mercado, podría ser una señal de que la guerra podría estar cerca de vivir una tregua o, al menos, forzar a Arabia Saudí  a relajar su firme posición de mantener la misma cuota de producción. Al menos así se especula en el mercado tras las últimas llamadas al apaciguamiento del secretario general del cártel petrolero, Abdullah al-Badri, quien también aboga por un trabajo conjunto para solucionar los problemas comunes. “Hay un problema al que nos enfrentamos: el excedente de 200 millones de barriles”, señaló en una conferencia en Londres celebrada el mes pasado. Y es que esta situación se podría ver agravada con la entrada en la ecuación de Irán. Su impacto en el precio ya ha sido valorado por el Banco Mundial, que estima que las cotizaciones podrían bajar hasta en 10 dólares frente al precio actual. Por su parte Al Badri se mantiene más optimista al afirmar que la situación de desequilibrio del mercado no puede durar demasiado, no más de dos años”. Un informe interno del cártel, al que ha tenido acceso Bloomberg, prevé un alza a los precios del petróleo de forma gradual hasta los 80 dólares en 2020 gracias a la disminución paulatina de los productores fuera de la OPEP. Y, sin embargo, no volverán hasta los 100 dólares hasta 2040.

Solo queda ver cómo actúan los principales actores implicados en esta compleja guerra de precios. Pero habrá que esperar aún hasta diciembre, fecha de la reunión anual de la OPEP y momento hasta el cual no se prevé ningún recorte en la producción, que también coincide con el mes en el que se levantarán las sanciones a Irán en el caso de que la Agencia Internacional de la Energía Atómica, corrobore la paralización del plan nuclear en el país.

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