El futuro flotante de la energía solar | Energía16

El futuro flotante de la energía solar

Publicado el Jueves, 05 de Enero de 2017 | Por: Patricia Alfaro

El desarrollo de la energía solar no tiene freno, y su futuro, pese a depender en gran medida de la política energética de cada país, brilla con fuerza. No en vano la propia Agencia Internacional de la Energía (IEA, por sus siglas en inglés) afirmó que el sol podría convertirse en la principal fuente de energía a mediados de siglo, aunque advirtió de que para alcanzar este horizonte sería necesario adoptar políticas “claras, creíbles y consistentes”.

Estas buenas perspectivas responden principalmente a la vertiginosa reducción de costes en los últimos años: desde el año 2009, los módulos fotovoltaicos han conseguido disminuir su precio más de un 80 por ciento, convirtiéndose así en la energía renovable más accesible, según la Agencia Internacional de Energías Renovables (Irena).  “La energía solar fotovoltaica va a crecer de forma imparable y todo está relacionado con los costes”, pronostica Miguel Ángel Egido, miembro del Instituto de Energía Solar de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM). En la misma línea se manifiesta Dolf Gielen, director del Centro de Innovación y Tecnología en Bonn (Alemania) de Irena, que afirma que “el negocio se está haciendo tan fuerte que en muchos casos no hay necesidad de incentivos” por parte de los gobiernos.

De cara al futuro, los expertos coinciden en que esta reducción de costes no hará otra cosa que aumentar. En concreto, Irena estima que de cara a los próximos cuatro años, los precios disminuirán hasta alcanzar los 1,92 dólares por vatio en el año 2020, frente a los 4,90 dólares del año 2010. “Con una mayor reducción de costes de hasta el 65 por ciento en los próximos diez años, la solar será la forma más barata de generación de energía en un creciente número de casos”, asegura Gielen a Energía 16.

Este rápido abaratamiento explica la continua extensión de la energía solar fotovoltaica a lo largo del mundo, que solo en el año 2014 sumó casi 40.000 megavatios (MW) de instalaciones instaladas en 24 países, mientras que la capacidad instalada acumulada superó los 177.000 MW, según datos de la IEA. A la cabeza de esta lista se sitúan China, Estados Unidos o Japón, mientras que Alemania lidera Europa con 1.900 MW instalados en 2014 (ver gráfico 2). En esta línea, Irena estima que la capacidad fotovoltaica aumentará hasta situarse entre 1.750 y 2.500 gigavatios (GW) en todo el mundo, “produciendo entre el 8 y el 13 por ciento de toda la electricidad hacia 2030”, explica Gielen.

Estas cifras predicen un futuro en el que los módulos fotovoltaicos formarán parte habitual del paisaje. Pese a que el desarrollo de esta tecnología permite su colocación en numeros terrenos, incluidos los tejados, la existencia de países con espacio limitado ha hecho de las instalaciones fotovoltaicas flotantes una alternativa tecnológica clave. Con menos de una década de vida, sus fabricantes confían en el futuro sobre el agua de la energía solar.

“Como desarrolladores éramos plenamente conscientes de que los terrenos viables y disponibles para proyectos solares escasearían rápidamente, lo que no era el caso de las masas de agua”, explica Harold Meurisse, promotor de negocios internacionales de la compañía francesa Ciel et Terre, una de las pioneras en la instalación de sistemas fotovoltaicos flotantes y una de las líderes del mercado actual. “La idea de ir sobre el agua estaba latente desde el año 2008, pero no habíamos tenido tiempo de explorarla en profundidad”, relata. El momento llegó en el año 2010, cuando el Gobierno galo decidió recortar los subsidios a esta energía. “Teníamos dos opciones: diversificar nuestras actividades en un mercado muy competitivo o conquistar nuevas fronteras y explorar nuevos territorios”, recuerda Meurisse. Hoy en día, Ciel et Terre tiene instalados módulos flotantes con capacidad de 42 megavatios pico (MWp) en numerosos países y confía en sobrepasar los 100 MWp a finales de este año.

El agua sirve de sistema de refrigeración

La principal ventaja de esta tecnología es el uso de reservas de agua, canales de irrigación y superficies que de otra forma no se aprovecharían. “La energía solar fotovoltaica tiene numerosos beneficios, como la conversión de espacios sin utilizar en áreas rentables y la conservación de valiosos terrenos y agua para agricultura y otros usos”, asegura Meurisse, que subraya que “parte de la filosofía” de su compañía es no emplear espacios naturales como el mar ya que “existe un número ilimitado de masas de agua creadas por la mano del hombre”. Otro aspecto positivo, explica Egido, del Instituto de Energía Solar de la UPM, es que los módulos fotovoltaicos funcionan mejor cuanto más fríos estén, por lo que al estar colocados sobre el agua “se asegura un sistema de refrigeración pasivo”.

La superficie flotante sobre la que se colocan los módulos es de polietileno de alta densidad (HDPE), “un material reciclable, duradero y resistente al agua” que no afecta a la potabilidad del agua, explica Meurisse. Sin embargo, la colocación de módulos fotovoltaicos sobre el agua, además de necesitar de una formación adecuada y adicional respecto a los convencionales, plantea problemas en cuanto a la seguridad de cara a fenómenos naturales como tifones, por lo que debe superar controles adicionales. En el caso de Ciel et Terre, aseguran que su sistema soporta vientos de hasta 212 km/h.

Pese a que por el momento la capacidad instalada de energía solar flotante es marginal -representó menos de un 0,005 por ciento del total de energías renovables en 2015, según cálculos de Ciel et Terre, y por el momento organismos oficiales como la IEA o Irena no disponen de datos- algunos países han apostado fuerte por esta opción. Es el caso de Japón, cuya política energética sufrió un antes y un después con el accidente nuclear de Fukushima, tras el que giró hacia otras fuentes de energía y dio una oportunidad a las renovables. Sin embargo, el hecho de ser un país con una extensión reducida y con vastos terrenos dedicados a cultivos de arroz planteaba un importante inconveniente, para el que la energía fotovoltaica flotante se ha revelado como parte de la solución. “Japón fue el primer país en el que desplegamos nuestro sistema y todavía hoy es el país líder en fotovoltaica flotante”, afirma Meurisse.

El mayor proyecto del mundo, en Japón

De hecho, es el país nipón donde se localiza el mayor proyecto de energía solar flotante del mundo. La compañía Kyocera desarrolla junto con Ciel et Terre la planta de Yamakura Dam, que estará compuesta de unos 51.000 módulos fotovoltaicos, ocuparán una superficie de agua de unos 180.000 metros cuadrados, contará con una capacidad de 13,7 MW y comenzará a funcionar en 2018, cuatro años después de su planteamiento. Le sigue Reino Unido y la reserva de la Reina Isabel II, situada en Londres, donde Thames Water, compañía que gestiona el suministro de agua y el tratamiento de aguas residuales de parte del país, colocará 23.000 paneles solares flotantes con una capacidad de 6,3 MW como parte de su objetivo de generar de forma autosuficiente su energía hacia el año 2020.

De cara al futuro, Ciel et Terre confía en que Estados Unidos, Brasil, India y China apostarán por la fotovoltaica flotante. Según Meurisse, estos países cumplen los requisitos de contar con una política que respalda la energía solar, una creciente necesidad de energía, la disponibilidad de amplias extensiones de agua pero escasez de terrenos y se caracterizan por tener amplias densidades de población.

Sin embargo, entre los principales retos se encuentra convencer a los más reticentes a esta tecnología. Es el caso de Miguel Ángel Egido, del Instituto de Energía Solar de la UPM, que reconoce ser “escéptico” y advierte de que la orientación de este tipo de módulos no es la idónea al estar completamente en horizontal. “Las tecnologías más rompedoras y revolucionarias aumentan los costes, y en la actualidad la fotovoltaica ya es muy barata”, subraya. Desde Ciel et Terre, Meurisse reconoce de la necesidad de reducir los costes e invertir en mejoras y tecnologías complementarias para conseguir una mayor rentabilidad de la fotovoltaica flotante. ”Uno de nuestros objetivos y llevar los precios cerca de las plantas fotovoltaicas convencionales más baratas”, asegura.

Hasta que llegue ese momento, las compañías tendrán que centrarse en abrir mercado en países necesitados de espacio. “Pese a que la flotante es más cara, normalmente se tiene en cuenta para abordar cuestiones específicas, y por lo tanto existe un nicho competitivo”, sostiene Giessen desde Irena. En Ciel et Terre no tienen dudas y aseguran que la fotovoltaica flotante es una alternativa que tiene un futuro real y seguro. “Reducir los costes nos ayudará a convencer a más y más gente de que la energía limpia es sinónimo de un futuro más brillante”, concluye Meurisse.

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