La red inteligente de la Smart City

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Por Juan Emilio Ballesteros

El nuevo modelo urbano convierte las ciudades en laboratorios vivos (living lab) para ensayar tecnologías en pro de la eficiencia energética

E l gran desafío de las ciudades del futuro es mitigar la huella urbana para reducir el impacto del cambio climático y el calentamiento global. El concepto de smart city no sólo implica una transformación en la gestión de los servicios, sino la conexión global de los ciudadanos y empresas mediante dispositivos inteligentes que aportan un flujo constante de información. El objetivo es optimizar las redes de energía para alcanzar un consumo eficiente y una movilidad sostenible. Un crecimiento irresponsable sobre la base de malgastar energía conduce al desastre ambiental.

Una smart city, según Pierre Cuneo, director de estrategia, investigación y tecnología de Thales, desarrolladora de soluciones de electrónica, tecnología y sistemas, es el modelo de desarrollo urbano que utiliza tecnologías de la información de una manera mucho más intensiva y aplicada, no sólo para conectar diferentes componentes de la gestión urbana, sino también para involucrar más a los ciudadanos con sus ciudades y los servicios que ofrecen.

En el ámbito de la ciudad inteligente se mueve una amplia gama de diferentes actores, contribuciones e intereses que tratan de gestionar los servicios públicos, la movilidad, la energía y el ciclo del agua con el tratamiento de residuos, Todos estos aspectos críticos de la vida urbana implican procesos que manejan una ingente cantidad de información. El tratamiento de los datos, su extrapolación y la puesta en práctica de las conclusiones requiere una infraestructura tecnológica que agilice la toma de decisiones y potencie la capacidad de almacenamiento, que se canaliza a través del cloud computing y el big data.

Para Miguel Álava, director en España de Amazon Web Services, el análisis y tratamiento de datos en la nube mejora la vida de los ciudadanos. Hoy la mayoría de las ciudades introducen soluciones inteligentes. Las aplicaciones más innovadoras tienden a encontrarse en los núcleos urbanos que buscan mejorar y actualizar sus sistemas de gestión a diferencia de ciudades planificadas como es el caso de Songdo (Corea del Sur) y Masdar (Abu Dabi). De hecho, la teoría de ciudad inteligente se aleja del desarrollo de ciudades a lo largo de las líneas de un ordenador central hacia algo más parecido a una red o a la propia web. Los urbanistas en Amsterdam han diseñado suburbios como la ubicación de una red inteligente, unida a la infraestructura general de la ciudad, pero que gestiona la demanda y la oferta de manera intuitiva. Esta red ahorra energía además de desarrollar y mejorar la infraestructura energética de la ciudad.

Chicago será una de las primeras ciudades en instalar sensores urbanos que medirán la calidad del aire, las precipitaciones y el viento, los niveles de ruido, el tráfico y la intensidad de la luz artificial. El proyecto CityTouch de Philips, una tecnología que ya se está probando en ciudades como Praga y en algunos barrios periféricos de Londres, es un sistema inteligente de gestión de la iluminación pensado para alumbrar ciudades enteras. Plantea soluciones de iluminación conectadas a la red, que permiten a las ciudades controlar activamente sus sistemas de alumbrado, incluido el entorno nocturno. De este modo, los ayuntamientos pueden mantener bien iluminadas las calles más transitadas, reducir la intensidad en las zonas en las que a partir de ciertas horas no hay nadie o potenciar la iluminación ante determinadas situaciones climáticas. CityTouch utiliza la nube como infraestructura tecnológica sobre la que ejecutar el sistema y ofrece valor a partir de los enormes volúmenes de datos que colecta en los sensores instalados en las farolas.

En el ámbito de la energía eléctrica se impone la necesidad de ahorro y la incorporación de renovables para un aprovechamiento óptimo de las inversiones que garantice la eficiencia del sistema. Se trata asimismo de cumplir con los objetivos establecidos por la Unión Europea para el año 2020, que obligan a reducir un 20 por ciento los gases de efecto invernadero respecto a los niveles de 1990; incrementar la eficiencia energética, mediante un ahorro del 20 por ciento del consumo respecto a la previsión para esa fecha y conseguir que un 20 por ciento de la energía generada sea originada por fuentes renovables.

El plan de la UE pasa por el desarrollo en la distribución de energía eléctrica de las smart grids con el enfoque puesto en dos funcionalidades. Por un lado, la telegestión, que es la monitorización a distancia y en tiempo real de los consumos del usuario final, lo que permite conocer los hábitos de los usuarios y elaborar una oferta a la carta. Por otro, la gestión activa de la demanda, que permite por parte de la utility calibrar las cargas del usuario final según un protocolo, unas prioridades y unos beneficios tarifarios acordados entre ambos. Esta modalidad permite optimizar el consumo de un cliente en base al comportamiento observado, a un rango de confort definido por el usuario y también teniendo en cuenta otras referencias adicionales y variaciones puntuales como, por ejemplo, las condiciones meteorológicas.

Transformar el modelo energético es posible si ciudadanos, empresas y administraciones trabajan juntos, como sucede en el proyecto de smart city de Málaga, en el que participa Endesa, que persigue un modelo de iluminación urbana que se autoabastece por energía solar fotovoltaica y eólica.

La smart grid es una visión de la red eléctrica como una infraestructura flexible, automatizada e integrada, que incluye control centralizado, diagnóstico, reparación y telegestión. Los usuarios pueden controlar el consumo con un dispositivo móvil conectado.

Para Manel Guerris, profesor de EAE Bussines School, estamos inmersos en una transformación muy potente en la que la tecnología revolucionará los patrones de comportamiento. El cambio de modelo energético viene determinado en parte por el análisis pormenorizado de datos a través del big data. “Las máquinas hacen previsiones y son capaces de predecir riesgos y prevenir problemas, pero no contextualizan ni interpretan ni tienen emociones. Es muy difícil explicarle a una máquina un sentimiento, pese a que compañías como Tesla puedan programar modelos de conducción autónoma de automóviles y clasificarlos según el temperamento del conductor”.

Otro de los puntos de apoyo es la electro-movilidad mediante los proyectos ZeM2ALL o Green eMotion con una flota de vehículos eléctricos que apoya la movilidad sostenible y que ha convertido Málaga en un un escenario real de movilidad eléctrica a través de la implantación de nuevos servicios como la gestión de la recarga de vehículos, la doble direccionalidad de la carga –Vehicle to Grid (V2G)– o los servicios de carga rápida situados en zonas estratégicas de la ciudad. Todo ello conectado a través de un centro de control.

 

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