RSC: Las empresas se juegan su reputación | Energía16

RSC: Las empresas se juegan su reputación

Publicado el Domingo, 19 de Marzo de 2017 | Por: Energía 16

Por Marta Jurado

Más allá de la rentabilidad, tanto el compromiso social como el medioambiental son factores cada vez más relevantes para las compañías. Tras años de conflictos sociales, las empresas que operan en Latinoamérica tratan de mejorar sus relaciones con las comunidades de las zonas en las que trabajan, fomentar su desarrollo y reducir el impacto en el entorno.

Se acabó la época en que las empresas y sus directivos se preocupaban solamente por los beneficios obtenidos. Ahora el foco está puesto también en la adopción de políticas de Responsabilidad Social Corporativa (RSC), definidas como “la integración voluntaria por parte de las empresas de las preocupaciones sociales y medioambientales en sus operaciones comerciales”. Sobre esta idea reflexiona el informe ‘ Relaciones empresariales y comunidades ’ elaborado por el Instituto de Innovación Social de la escuela de negocios española Esade. Según el documento, “hoy en día, el escenario competitivo en el que operan las empresas está delimitado por dos grandes fuerzas motrices: la pervivencia económica en un contexto altamente competitivo y una mayor presión social que requiere del sector privado un papel más activo en su contribución hacia un desarrollo sostenible”.

En definitiva, las multinacionales del siglo XXI se juegan su reputación ante un escrutinio cada vez mayor. Aunque hay numerosos casos de empresas con asignaturas pendientes o que han llevado a cabo prácticas poco responsables (como la gestión del derrame de ChevronTexaco en la selva amazónica ecuatoriana o los conflictos de Pluspetrol con los indígenas peruanos), también destacan otras que han mostrado una evolución en su compromiso con el medio ambiente, el desarrollo social o la atención a las comunidades indígenas, ya sea por presión social o por convicción. La mayoría de ellas son empresas europeas, como la noruega Statoil, pionera en la adopción de políticas sociales y de sostenibilidad. En el contexto energético latinoamericano éste es el caso de compañías como Iberdrola o Repsol. “En general, las empresas, sobre todo las grandes, han sabido incorporar la RSC de manera transversal, integrándola en los departamentos determinantes,estratégicos”, asegura Ignasi Carreras, director del Instituto de Innovación Social de Esade, haciendo balance de los 15 años de políticas de RSC desde que se pusiese en marcha la iniciativa del Pacto Mundial de las Naciones Unidas (Global Compact). Desde su entrada en vigor en el año 2000, más de 8.000 empresas se han adherido a una serie de compromisos que abogan por un modelo de gestión responsable (ver gráficos 1 y 2). Ahora la RSC ha pasado a verse como una inversión y no como un gasto, tal como señala Ignasi Carreras. A pesar de la crisis, “ahora nos encontramos con empresas que sí han avanzado en gestión de riesgos (mejorado la cadena de aprovisionamiento, puesto más cuidado a la hora de elegir proveedores, analizado la posibilidad de vertidos) y realizado un avance significativo en la eficiencia, en todo lo que tiene que ver con sostenibilidad, agua, energía, residuos…”, asegura Carreras.

Industria petrolera

 El petróleo y el gas es una de las industrias con más peso sobre los efectos del cambio climático y el agotamiento de los recursos, así como una de las más polémicas en cuanto a los conflictos con las comunidades que habitan las zonas de explotación. Por eso tiene un papelclave a la hora de adoptar políticas responsables, pero no siempre lo han hecho. Repsol es una de las multinacionales que mejor recorrido ha tenido en los últimos años dentro del sector petrolero. Partía de una imagen muy negativa que llevó a numerosos conflictos, incluido el que defendía la campaña de la ONG Intermón Oxfam en el 2004 solicitando una serie de medidas encaminadas a minimizar los riesgos laborales en las explotaciones petroleras en las que opera y un mayor respeto de los derechos de los pueblos indígenas y tribales. El caso llegó incluso ala junta general de accionistas de Repsol, donde intervino Oxfam para conseguir finalmente que la multinacional adoptase políticas específicas para comunidades locales, siendo la primera petrolera en hacerlo.

Tras esta actuación, la compañía tomó conciencia de que la introducción de problemas sociales en el proceso de análisis de riesgos era una forma eficaz de incorporar perspectivas de múltiples grupos de interés en el proceso de toma de decisiones de la empresa. Hay ejemplos más recientes en el ámbito social. En febrero de 2014, Repsol firmó el primer convenio en Colombia con el PNUD para el desarrollo del pueblo Wayuu, en la provincia de la Alta Guajira. “Es una zona muy seca, así que varios de los proyectos pretenden proveer de pozos a la comunidad y fomentar el desarrollo de la población, que es principalmente pescadora”, explica Mikel Berraondo, del Centro Regional del Pacto Mundial para América Latina, que supervisa el proyecto en el que también participa la petrolera estatal colombiana Ecopetrol, que cuenta con varios proyectos sociales con grupos étnicos. Los casos de las estatales como Ecopetrol, Pdvsa, YPFB y Petrobras también son importantes porque se rigen por las políticas gubernamentales y por las empresariales. Petrobras es según Berraondo, una de las empresas de la región que más está haciendo últimamente por adaptar sus políticas responsables en un país como Brasil. En el otro lado se encuentra Petroamazonas, cuya gestión de las comunidades del Parque Natural de Yasuní, donde opera el bloque 31, ha recibido muchas críticas según Berraondo. Mientras, Petroamazonas defiende que “el bloque 31, se desarrolla con responsabilidad social y ambiental”, según un comunicado oficial. “Nosotros hemos trabajado con varias empresas de la zona, gestionando la consulta previa que se le hace a los habitantes de la zona antes de explotarla. Es un terreno complejo en el que convergen: Gobierno, empresas y comunidades”, reconoce Mikel. Pero “muchas empresas ya son conscientes de la importancia económica de adaptar las políticas responsables y no crear conflictos en la zona, porque les han costado mucho dinero”, explica Berraondo.

Éste sería el caso de la angloholandesa Shell, que tras el derrame en el delta del Níger en 2008 y su posterior proceso judicial y una multa millonaria, admitió su responsabilidad sobre los daños al ecosistema y a la comunidad rural de Bodo. Ahora, Shell integra una serie de medidas para evitar los daños al entorno.“Evaluamos los potenciales impactos ambientales, de salud y de la comunidad de nuestros proyectos y nos comprometemos con las comunidades indígenas de la zona”, señala el Informe de sostenibilidad 2014. La petrolera también es miembro fundador del proyecto Subsea Well Response , dedicado a gestionar los pozos submarinos y actuar en casos de emergencia, un aspecto fundamental enyacimientos offshore como los que opera en el Golfo de México y Brasil. Otro ejemplo de empresa internacional que ha desarrollado buenas prácticas en América Latina es la canadiense Pacific Rubiales, que ha sido reconocida con la certificación EO100 por sus prácticas de responsabilidad social y ambiental en los campos de Rubiales y Quifa de Equitable Origin, en Colombia. Su labor de RSC da apoyo también a proyectos exploratorios en Perú, Guatemala y Guyana.

Otras empresas energéticas En el ámbito eléctrico, la española Iberdrola lidera los ránkings de compañías comprometidas, sobre todo con la sostenibilidad y el acceso a los recursos, tal como reconoce el informe publicado por la asociación británica Climate Disclosure Project (CDP) . Uno de sus programas estrella es ‘Energía para todos’. Desde su puesta en marcha en 2014, ha permitido el suministro eléctrico a más de 800.000 usuarios de zonas desfavorecidas de varios países, con un foco especial en Brasil con la iniciativa “Luz para Todos”. El programa cuenta con tres líneas de actuación que incluyen la financiación de proyectos a través de la inversión en capital, tratando de enmarcarlos en la iniciativa Sustainable Energy for All (SEE4All) de Naciones Unidas; actividades gestionadas por los negocios en los países en los que tiene presencia; y el desarrollo de proyectos sociales a través de ONGs y el voluntariado corporativo.

Iberdrola es además una de las pocas eléctricas que se han tomado en serio la apuesta por las energías alternativas para reducir el impacto medioambiental. También reúne varios compromisos de reducción de emisiones de CO2, como el que se ha marcado para finales de 2030 de generar la mitad de las emisiones actuales, hasta los 150 gramos por kilovatio-hora, según informa la compañía. “Apostamos por un modelo de crecimiento verde bien regulado, que haga compatible la preservación de la calidad del entorno ambiental con un desarrollo económico sostenible y bajo en carbono”, aseguraba su presidente, Ignacio Galán en la presentación. Ésta se suma a otras iniciativas recientes, como las adoptadas por los CEOs de 43 grandes compañías como DONG Energy, Acciona, Schneider Electric y la propia Iberdrola, que reclaman acciones firmes y concretas para lograr unacuerdo ambicioso de cara a la Cumbre Mundial del Clima de diciembre en París. Por su parte, otra española, Gas Natural, incorpora a sus líneas de acción estratégicas garantizar el acceso a la energía de barrios sin recursos como el ‘Cuartel V’ en Buenos Aires (25.000 beneficiarios). También es política de empresa dedicar una partida a proyectos de acción social, así como gestionar y evaluar el impacto social de sus operaciones, según las directrices del World Business Council for Sustainable Development . Otras de las acciones se centran en la gestión comercial en zonas sin infraestructura eléctrica, con proyectos como el que se desarrolla en la costa Caribe Colombiana. Haciendo balance de estas actuaciones, realizadas por la propia empresa o a través de sus fundaciones, los expertos apuntan que la RSC avanza cuando ésta asegura reputación para lacompañía, cuando representa ahorro, eficiencia, cuando se liga a la innovación, y cuando aporta elementos y ventajas de competitividad (ver gráfico 3).

Desafíos

Pero aún queda mucho por hacer. Quizás el mayor desafío es que no sólo las empresas grandes, sino también las pequeñas, se unan al reto de incorporar prácticas de RSC. Según los expertos, las compañías ya iniciadas deberían mejorar el diálogo con la población local y hacer cumplir las normativas internacionales para las consultas previas, de manera que se asegure el respeto a los derechos de los indígenas. “Colombia se rige por su legislación local, Argentina no tiene ley de consulta, mientras que en Perú está muy cuestionada”, explica Berraondo. Por su parte, “los riesgos mal cubiertos marcan más, como en el caso del vertido de BP en el Golfo de México”, según Ignasi Carreras, que considera que su análisis de riesgos no tuvo en cuenta los peligros de la prospección a gran profundidad. “Más que el derrame en sí, lo que más afectó fue la gestión del derrame”. Por eso, este aspecto es clave y debe estar enmarcado en las políticas de RSC de las empresas, así como contemplado en los departamentos de comunicación tanto para transmitir los proyectos como para gestionar las crisis.

Comentarios


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *