La revolución de las renovables en Latinoamérica

México, Chile y Uruguay son los países más atractivos para invertir en energías limpias

América Latina es hoy la zona más pujante del mundo en energías renovables y los ojos de las grandes empresas están puestos en esta área. Los gobiernos de sus respectivos países legislan para favorecer la inversión extranjera y la financiación de proyectos, así como la seguridad jurídica de los inversores. Se cree que en los próximos años se alcanzará el pico de generación de energía procedente de combustibles fósiles y que comenzará el dominio de las energías limpias, que contarán con el respaldo de los fondos mundiales habilitados por la COP21 y que se concretarán en unos 100.000 millones de dólares anuales garantizados por las naciones que suscriban el acuerdo a partir del año 2025.

En esta línea, Venezuela destaca por poseer las mayores reservas de petróleo del planeta. También Colombia, México, Perú y Bolivia dependen del crudo, el gas y el carbón. Los países que más han invertido en el año 2015 en energías renovables, exceptuando Brasil, son México, Chile y Uruguay, seguidos a mucha distancia por Honduras y Perú. En otras naciones la inversión decreció, como ocurrió en Perú, Costa Rica, Panamá y Guatemala. En Colombia la inversión es escasa y Nicaragua y otros países centroamericanos emergen pero sin capital por el momento.

Por primera vez, los países fuera de la OCDE han invertido más en energías renovables que los países desarrollados, una tendencia que ha encumbrado a Latinoamérica como una de las fuentes de energía limpia con más impacto global y mayor capacidad de producción en el futuro. Esta revolución renovable ha sido posible gracias al enorme potencial para la generación eléctrica a partir de fuentes no convencionales y en virtud de la voluntad política de luchar contra el calentamiento global y el cambio climático.

Argentina, Bolivia, Colombia, México, Paraguay, Uruguay, Perú y Venezuela suscribieron al Acuerdo de París el 22 de abril de 2016 en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York. Ecuador lo firmó poco después, el 26 de julio, mientras que Chile lo hizo antes de finalizar el año. El siguiente paso será la ratificación parlamentaria del convenio. Algunos de los países de la región que ratificaron el Acuerdo de París son Bolivia, Ecuador, México, Paraguay, Perú y Uruguay. En tanto, Chile, Colombia y Venezuela aún no aprobaron el tratado.

América tiene ingentes recursos solares, principalmente en países como Brasil, México, Chile y Colombia, además de Estados Unidos. Costa Rica, Uruguay y Paraguay lideran el ranking de naciones en las que la generación de energía procede casi en su totalidad de fuentes renovables. En el lado opuesto, se encuentran Honduras y Nicaragua, pero son República Dominicana, Haití y Belice los que más dependen de las energías fósiles y los que lastran los esfuerzos del resto por invertir su matriz energética para priorizar las energías de origen renovable. Con todo, en la región, solo el 6% de la electricidad que se genera procede de fuentes alternativas y renovables, producidas por medios eólicos, fotovoltaicos, biomasa o fuentes geotérmicas.

El objetivo es que en el año 2050 el 20% provenga de fuentes limpias. Al margen de episodios puntuales de contaminación, el 10% de las emisiones de gases de efecto invernadero proviene del área latinoamericana. Chile y México son los países con más contaminación. Al mismo tiempo, México está llamado a liderar la generación de energía por medio de renovables, con un porcentaje del 35% de la matriz para el año 2024.

Honduras. Con un monto de 500 millones de dólares, es el cuarto país de Latinoamérica que más invirtió en energía renovables en el último ejercicio, probablemente porque es el que más capacidad energética necesita al mismo tiempo que implementa la tecnología para explotar los recursos naturales. La generación de renovable mejorará con la ejecución del proyecto geotérmico de Copán, con una inversión estimada en los 200 millones de dólares. Su apuesta por la lucha contra el cambio climático y el índice de inversión en renovables en relación al PIB lo coloca como líder en Centroamérica y tercero en crecimiento en Latinoamérica. Este impulso sitúa la matriz en el 60% de producción de fuentes naturales (renovables) y un 40% de origen térmico. En el pasado año se contabilizaron una docena de plantas solares en Choluteca y otras regiones. Para 2020 podría alcanzar junto a Costa Rica el 100% de producción renovable.

México. México está dejando de ser una nación petrolera para convertirse en un país importador neto de recursos fósiles. Aun así, la transición hacia energías limpias es muy lenta y requiere de estabilidad económica además de voluntad política. No obstante, el potencial en renovables, sobre todo en energía solar, es esperanzador de cara al futuro. En hidroelectricidad se llega a los 52.000 MW, en geotermia a los 13.000 mientras que las centrales eólicas alcanzan los 70.000. México cuenta con Aura Solar I, situada en Baja California Sur, una de las plantas solares más grandes de Latinoamérica. Para el año 2050 el país se ha propuesto reducir en un 50% las emisiones de dióxido de carbono. Con la liberalización del mercado, en los próximos 15 años se estima un desembolso para proyectos de infraestructuras energéticas cercano a los 120.000 millones de dólares y con la segunda subasta de energía prevista para 2019 se construirán 16 nuevas plantas eólicas y solares, además de las ya instaladas el pasado año.

Guatemala. A finales de 2016, la Comisión Nacional de Energía Eléctrica hizo público los avances en la transformación de la matriz energética con el fin de reducir la dependencia de combustibles fósiles. El 67% de la generación procede de renovables frente al 33% con origen en los recursos tradicionales. El 37% del total corresponde a la generación hidráulica, el 21,6% al carbón y el 24,2% a la biomasa. También participan otros proyectos de energía solar, geotérmica, eólica, gas natural, biogás, diésel y búnker. El país cuenta con la planta de energía solar más grande de Centroamérica y el Caribe y la segunda de mayor tamaño de Latinoamérica –Chile ocupa el primer lugar con una planta de 100MW–. Se trata del proyecto Horus Energy, edificado sobre 175 hectáreas en Santa Rosa y cuya producción alcanza 85MW.

Nicaragua. Más de la mitad de la energía que se genera procede de fuentes renovables en un país que supera los 3.000 gigavatios de generación eléctrica y que exporta hasta un 5% del total de energía producida. La energía solar es un factor clave en el desarrollo de la cobertura eléctrica en todo el territorio, que alcanza ya a nueve de cada diez ciudadanos y se extiende con rapidez en zonas rurales que están fuera de la cobertura de la red nacional. El objetivo es instalar 12.000 paneles de energía solar en el Caribe nicaragüense. En el año 2012 Nicaragua se convirtió en el quinto país del mundo que más invirtió en energías renovables en relación con su PIB. Para el año 2020 se pretende que el 90% de la energía proceda de fuentes renovables, fundamentalmente eólica, solar y geotérmica.
República Dominicana. La mitad de la isla La Española, que comparte territorio con Haití, tiene el dudoso honor de ser el país que más depende de energías fósiles de todo el continente, debido fundamentalmente a su permanente crisis energética. El 92% de su producción procede de combustibles fósiles. En realidad, y pese a que la mitad de la energía no renovable de la región se produce allí, la generación en lugar de crecer ha caído en los últimos años y si en 2010 representaba poco más del 11% hoy se mueve en torno al 8%. Junto a Haití y a Belice, República Dominicana no destaca por su apuesta por las renovables dentro de los países que forman el Sistema de la Integración Centroamericana (SICA).

Costa Rica. Durante 252 días de 2016, Costa Rica se abasteció únicamente de energías renovables, registrándose una matriz de generación que alcanzó el 74,35% de energía eléctrica a través de plantas hidroeléctricas, el 12,74% de plantas geotérmicas y el 10,30 de origen eólico. Las plantas de energía solar y biomasa produjeron un 0,01% y un 0,74% ,respectivamente. El 1,88% restante procede de combustibles fósiles. En los últimos siete años se han invertido 1.700 millones de dólares en proyectos renovables de energía solar, eólica e hidroeléctrica. En 2017 se abrirán cuatro nuevas plantas eólicas y se espera que las energías renovables se conviertan en recursos energéticos estables, gracias, entre otros factores, a la abundancia de lluvias tropicales y a la amplia red de cuencas fluviales que abastece a las centrales hidroeléctricas.

Colombia. Aunque depende en un 70% de las fuentes hídricas, condicionadas por el cambio climático, Colombia es uno de los países latinoamericanos que más apuesta por las energías limpias y tiene un enorme potencial en biomasa, una demanda creciente de etanol y biodiesel y grandes posibilidades de desarrollo eólico con 11 proyectos en marcha en la actualidad. A pesar de estas perspectivas, menos del 3% del total de la generación de energía proviene de fuentes renovables no convencionales. El resto de la producción tiene su origen en sistemas hidráulicos, con el 65%, y térmicos, con el 29%. Casi la totalidad de la electricidad proviene de combustibles fósiles. El principal obstáculo para el desarrollo de energías limpias no radica en los recursos naturales, que abundan, sino en la voluntad política para construir infraestructuras que desarrollen los grandes proyectos energéticos.

Panamá. En el año en que se ha inaugurado la ampliación del Canal de Panamá, la mayor obra de ingeniería civil del mundo, la Secretaría Nacional de Energía estima que en 2020 la capacidad instalada de energía eólica en el país llegará a 668 MW. Las previsiones apuntan a que en 2050 se puede cumplir el objetivo de que el 70% de la energía proceda de fuentes renovables. Los incentivos fiscales que contempla la ley 37 de 2013 y la ley 38, modificada el pasado año, impulsan el desarrollo de proyectos de energía renovable como plantas solares y eólicas. Un total de 31 empresas han participado en la primera licitación a gran escala (66 MW), con una inversión de 120 millones de dólares. A corto plazo, está prevista la puesta en marcha de nueve parques solares, tres de ellos en Chiriquí y seis en Coclé.

Cuba. El objetivo es instalar más de 2.100 MW a partir de fuentes renovables: 755 megavatios en centrales bioeléctricas de azúcar de caña, 700 en parques solares fotovoltaicos y 633 en parques eólicos. La participación de la biomasa tiene prioridad para el país en el cambio de la matriz energética con la instalación de 755 MW a través de 19 bioeléctricas en centrales azucareras que producirán 1.900 GWh/año y evitarán la emisión a la atmósfera de 1.700.00 toneladas de CO2. Está prevista la instalación de 633 MW en 13 parques eólicos que producirán más de 1.000 GWh/año y evitarán la emisión de más de 900.000 toneladas de CO2. Cuba cuenta con una planta productora de paneles solares fotovoltaicos con una capacidad de producción de 14MW. Para 2030 el 24% de la generación energética procederá de fuentes renovables. En la actualidad es poco más del 4%.

El Salvador. Aunque Honduras y Guatemala tienen más capacidad solar instalada, la progresión del país más pequeño de Centroamérica es espectacular. En 2016 convocó su segunda licitación para centrales de energía renovable incrementando los 100 MW subastados dos años antes hasta los 170 MW solares y eólicos. El mix de producción de energía se reparte entre el 43% de generación procedente de combustibles fósiles, el 25% de las hidroeléctricas y un 26% de geotérmicas. Estas cifras no reflejan ni el auge del autoconsumo ni el boom de la energía solar. El Gobierno de El Salvador y tres empresas de energía eléctrica han suscrito cuatro contratos para la producción y el suministro de 94MW de energía solar por importe de 250 millones de dólares.

Perú. La generación de energía eléctrica en Perú se ha basado tradicionalmente en fuentes renovables (85%), pero el desarrollo del gas de Camisea ha propiciado que este porcentaje caiga hasta el punto de que el gas representa hoy más del 40% de la producción. Esta tendencia continuará en la próxima década, aunque el agotamiento de este recurso revertirá en la diversificación de fuentes. Las renovables producen aproximadamente el 5% de la energía eléctrica generada. Las necesidades energéticas del país andino varían según se trate de áreas urbanas o zonas rurales. En el ámbito de la promoción de la energía solar, el reto consiste en suministrar energía a 2,2 millones de peruanos del área rural a través de medios renovables como es el caso de la prevista instalación de medio millón de paneles solares.

Argentina. Durante años se ha mantenido al margen de la revolución de las renovables, pero ahora parece apostar abiertamente por el desarrollo de la energía solar. Con ejemplos como el de Jujuy, un poblado que se abastece al 100% de energía solar, espera generar el 8% de renovables de su matriz energética para 2018. El país tiene la tercera reserva eólica del mundo (supera a España y Dinamarca) y la segunda solar del planeta, un potencial que sin embargo hasta ahora no se ha traducido en resultados: en 2015 solo instaló 8 MW de energía eólica para alcanzar un total de 269 MW. El potencial eólico supera los 2.000 GW, un centenar de veces la capacidad total instalada. En los últimos cinco años se han invertido 1.800 millones de dólares en energías limpias y se ha reducido en un 30% la emisión de gases de efecto invernadero. El 87% de la matriz energética argentina procede de combustibles fósiles. El 13% restante se lo reparten la energía nuclear, hidroeléctrica, eólica, solar y biomasa.

Brasil. El Gobierno brasileño canceló el pasado año las licitaciones de nuevo suministro de energía a causa de la peor crisis económica y política que el país ha afrontado en décadas. Desde 2009, el pasado año fue el primero en el que el sector eólico no suscribió ningún contrato y los desarrolladores eólicos y solares tampoco alcanzaron acuerdos de compra de energía a largo plazo. La capacidad contratada en 2016 fue tan solo de 709 MW, la octava parte de la cantidad total del año anterior. No obstante, Brasil será uno de los países emergentes que despuntará en 2017. En la actualidad se contabilizan 360 proyectos eólicos y el objetivo es capitalizar los 7.000 millones de dólares en contratos de inversión en el país. La producción eólica total asciende a casi 10 gigavatios y la solar a 2 gigavatios.

Bolivia. Produce un total de 1.900 MW de sus diversas fuentes energéticas, pero se ha planteado el reto de aumentar otros 2.695 MW en cuatro años para exportar electricidad a los países vecinos del Cono Sur. Del total, 545 MW procederán en el año 2020 de energías renovables. Hasta el año 2015 el 72% de la generación eléctrica era térmica, el 25% procedía de sistemas hidroeléctricos y el 3% de fuentes renovables. Para el año 2020, se reducirá la producción termoeléctrica al 55%, las hidroeléctricas representarán el 33% y las alternativas alcanzarán el 12% de la generación. En ese periodo la inversión prevista alcanza 1.052 millones de dólares.

Paraguay. Se abastece prácticamente al completo de tres centrales hidroeléctricas (Itaipú, Acaray y Yacyretá), que cubren desde fuentes renovables el 99,6% de la demanda de electricidad y no se llega al 100% porque existen comunidades muy alejadas que necesitan de combustibles fósiles para subsistir, aunque ya se está trabajando para corregir esta situación. Paraguay es el ejemplo de país pequeño con recursos hídricos para la producción eléctrica que necesita diversificar la generación y apostar más por las fuentes eólicas y solares para completar la transformación de su matriz.

Chile. Lidera en la actualidad la revolución solar en Latinoamérica y la capacidad de inversión en energía limpia y ha sido el país que más ha invertido (7.000 millones de dólares) en los últimos siete años en proyectos renovables que incluyen sistemas hidroeléctricos, eólicos y biomasa, con más de 80 proyectos solares y eólicos en marcha. La energía renovable es ahora más barata y las centrales solares en funcionamiento suman 1.345 MW cuando a principios de 2013 se contabilizaban solo 11 MW. Su planta de energía solar en el desierto de Atacama es la más grande de Suramérica y se espera que en breve genere 196 MW. En la actualidad cuenta con proyectos por valor de 9.000 millones de dólares que se desarrollarán en los próximos cuatro años en el área de energía renovable con la meta de romper su dependencia de los combustibles fósiles, que todavía aportan el 55% de la producción eléctrica. El objetivo es que en el año 2035 el 65% de la generación de electricidad proceda de renovables, un porcentaje que se elevará al 70% para el año 2050.

Venezuela. Se trata del país con mayores reservas petroleras del mundo y el quinto productor de hidrocarburos, impulsor de la propuesta contemplada por la OPEP para estabilizar los precios del crudo en base a la aplicación de bandas de producción y no mediante una política de precios. Con todo, Venezuela cuenta con un enorme potencial en energía eólica y solar, además de hidráulica, que provee al país del 70% de sus necesidades de energía eléctrica. La crisis política, económica y social ha ralentizado todos los proyectos para la producción de energías limpias en favor de nuevas centrales termoeléctricas basadas en combustibles fósiles como el carbón y el gasoil.

Uruguay. En apenas una década Uruguay se ha convertido en el país latinoamericano con mayor proporción de energía eléctrica generada procedente de sistemas eólicos y uno de los líderes a nivel global, logrando revertir a partir de 2013 su tradicional situación de déficit energético, un hito si se tiene en cuenta que en los últimos 20 años tuvo que importar energía para satisfacer la demanda. Ahora el 50% de su matriz energética procede de fuentes renovables. Para 2017, el planteamiento es que el 35% de toda la energía que se produce se genere por medios eólicos, lo que desbancaría como líder mundial en este ámbito a Dinamarca, que genera el 32%. También se implementa la energía fotovoltaica y se aprueban leyes para su desarrollo al mismo tiempo que se incentiva fiscalmente la industria de paneles solares. La diversificación de la matriz energética permitió que Uruguay satisfaga cerca del 94% de su electricidad a partir de energías renovable

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