Siemens y Gamesa, el próximo gigante eólico

Nordlicht es el mayor proyecto onshore que se ha promovido este año en Europa.

La batalla para hacerse un hueco en el mercado eólico del futuro ya ha comenzado ante la creciente presión por reducir las emisiones de carbono en la próxima década y adaptar el mercado energético a las renovables. “En un momento como el actual, en el que Europa se enfrenta a la necesidad de cumplir con el objetivo vinculante de que el 20 por ciento de su energía proceda de fuentes renovables en 2020 y el mundo entero ha de cumplir con los objetivos de la Cumbre del COP21 en París para no aumentar emisiones, la eólica, al ser la energía más barata, despunta como la más necesaria”, afirma Heikki Willstedt, director de políticas energéticas de la Asociación Empresarial Eólica de España (AEE). Impulsada por esta perspectiva, la industria ha vivido un desarrollo acelerado, que ha llevado a la capacidad eólica mundial a aumentar un 20 por ciento solo en el año 2015, hasta los 432.000 megavatios instalados. China, destaca con el 34 por ciento de la capacidad total, seguida de Estados Unidos, Alemania e India.

Esta apuesta global está provocando grandes movimientos dentro del propio sector, como la posible fusión del grupo de ingeniería alemán Siemens, con el fabricante español de turbinas Gamesa, anunciada a principios de año y aún en proceso de negociación. Aunque no es el único caso, de confirmarse, la unión entre ambas podría superar a los que han encabezado el ránking mundial del sector en los últimos años, hasta ahora líderes, General Electric, Vestas o Goldwin. “Los fabricantes se enfrentan a la necesidad de ganar dimensión y diversificarse geográficamente, así como acometer grandes inversiones en I+D. Y el tamaño ayuda”, afirma Heikki Willstedt, a Energía 16, en relación a la integración de estas dos fuerzas, que permitiría sumar la experiencia de Siemens en eólica offshore con la presencia de Gamesa en mercados emergentes, donde apenas hay potencia eólica instalada (sobre todo, India, México y Brasil). Además, Gamesa pasaría de ser el octavo fabricante mundial de parques eólicos en 2014 al primero, absorbiendo en conjunto el 15 por ciento de la cuota de mercado, según Bloomberg.

Pero parece que las partes están tardando en ponerse de acuerdo. Primero por lo complicado de una operación como ésta, pero también por el hecho de que la noticia se destapase en una etapa inicial, cuando presuntamente no se habían fijado las bases. Según los expertos, éste es el factor que ha influido más a la hora de concretar la fusión, ya que tras el anuncio el pasado enero, Gamesa se revalorizó hasta los 5.400 millones de euros (5.680 millones de dólares), frente a los 4.400 (4.365 millones de dólares) antes de la filtración por parte del periódico español El Confidencial, superando el coste que Siemens estaba dispuesta a pagar. Además, en lo que se interpreta como un intento de reducir esta tendencia, Goldman Sachs rebajó la recomendación de compra de Gamesa, una vez que Siemens la contrató como asesora para el proceso, junto a otros bancos de inversión como el Deutsche Bank. Habrá que ver cuál es el valor final que alcanzará Gamesa tras meses de negociación. A pesar de todo, la mayoría de los expertos coinciden en que la fusión se completará tarde o temprano ya que es beneficiosa para ambas partes, aunque las compañías involucradas prefieren no hacer declaraciones. La alemana accedería a los mejores márgenes operativos de Gamesa y la española ganaría potencia para competir en el negocio offshore o marino, más intensivo en inversión. Se calcula que el grupo combinado tendría un valor de empresa próximo a los 10.900 millones de dólares.

A la espera de que se conozcan más detalles sobre la operación, el próximo escollo por superar sería la aprobación por parte de la Comisión Nacional del Mercado de Valores española, que regula el sector privado del país, de una exención para no tener que lanzar una oferta en efectivo por todo el capital de Gamesa (OPA), sino en forma de ampliación de capital o fusión, alegando Siemenes motivos empresariales. La firma alemana tendría así un porcentaje cercano al 30 por ciento en el conglomerado resultante. Dependiendo de cómo se resuelva esta incertidumbre, que podría incluso frenar el proceso, se irá perfilando el papel del resto de accionistas, como el que podría jugar la eléctrica Iberdrola, propietaria del 20 por ciento de Gamesa, que podría ver reducida su participación al 10 por ciento. El presidente de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán, ha afirmado que una integración entre Gamesa y Siemens sería “una excelente noticia”, ya que constituiría la empresa eólica más grande de Europa, aunque ha asegurado que el plan estratégico de su grupo “no contempla ninguna desinversión”.

Oportunidades

Pendiente queda también si existen otras compañías interesadas en este u otros procesos similares, debido a que las firmas españolas presentan en la actualidad una ventaja competitiva por su bajo precio en relación al dólar. En el caso de Gamesa, es especialmente interesante por la reestructuración que ha realizado, expandiéndose a otros países emergentes. Tocó fondo en 2012 tras la reforma de las renovables en España y consiguió revalorizarse un 1.700 por ciento en bolsa pasando de valer 300 millones de euros (327 millones de dólares) en 2013 a 5.400 millones en la actualidad (5.680 millones de dólares), gracias a su diversificación. Según los últimos datos, India representó un 29 por ciento de las ventas de megawatios (MW) de la compañía, seguido por Latinoamérica (27 por ciento) y Europa y resto del mundo (20 por ciento). China aportó el 13 por ciento de todos los pedidos de la empresa y EEUU tan solo el 11 por ciento. Gracias a estos indicadores, su beneficio neto se ha incrementado un 85 por ciento en 2015 frente al año anterior, llegando a los 170 millones de euros (185 millones de dólares). Tal como ha señalado la compañía en la presentación de sus cuentas anuales, destaca por sus tres fortalezas: “rentabilidad, instalaciones eólicas terrestres y presencia global”.

Y está claro que aprovechar estas ventajas encajaría perfectamente con el objetivo estratégico de Siemens y su nueva estructura, que apuesta por el posicionamiento en tecnología y en los negocios más rentables, tal como refleja su ‘Plan Visión 2020’, que le ha llevado a deshacerse de otros segmentos como los electrodomésticos o la nuclear, que abandonó tras el desastre de Fukushima. En la actualidad, el grupo alemán especializado en telecomunicaciones, industria, energía y salud, vale en bolsa más de 75.000 millones de euros (unos 82.700 millones de dólares). En sus últimos resultados anuales ha presentado un beneficio neto de 7.380 millones de euros (8.000 millones de dólares), un 34 por ciento más que el año anterior, garantizando una posición financiera estable, pese a las dificultades que le ha generado el mercado eléctrico en 2015.

Las oportunidades también se presentan para el mercado en general, como el impulso que puede suponer esta fusión para la energía offshore. Debido a que la velocidad del viento en el mar es un 20 por ciento superior a la que se mueve en tierra, el sector estima inversiones cercanas a los 15.000 millones de dólares anuales para los próximos diez años, según el informe de la consultora Douglas-Westwood, ‘World Offshore Wind Market Forecast 2013-2022’. En este sentido Siemens y Gamesa podrían desatar un carrera, que Siemens ya tiene ganada, ya que posee una posición destacada en Norteamérica y sobre todo en Europa, donde es el fabricante de la mayoría de las turbinas marinas. Otra de las regiones a considerar para el desarrollo de la eólica marina sería América Latina, que tiene un potencial de 50.000 kilómetros de costa y quien antes llegue, antes triunfará. Brasil planea entrar al mercado eólico marino con la instalación de 12 MW en el estado de Ceará, tal como señala Luis Armando Pagán-Quiñones, miembro del IGERT Offshore Wind Energy Program, y Gamesa ya tiene experiencia en este mercado.

Otras fusiones

La ola de fusiones y adquisiciones no solo incluye a Siemens y Gamesa sino que otras compañías ya han comenzado a hacer sus movimientos. Los más sonados han sido la fusión entre la española Acciona Windpower y la alemana Nordex en octubre, con la que la primera se convertirá en accionista del 29,9 por ciento de la segunda, colocándose entre los cinco mayores fabricantes de aerogeneradores onshore del mundo. También el gigante norteamericano General Electric ha comprado entre 2014 y 2015 la francesa Alstom Power, por 11.400 millones de euros (12.440 millones  de dólares). Una operación por la que Siemens mostró gran interés, hasta que el Estado francés terminó por decantarse por la estadounidense. Dentro de su plan de expansión, Siemens también persigue comprar los restos que le quedan a Abengoa, en concreto su filial de ingeniería eléctrica y electrónica, Inabensa, con sede central en Sevilla, España, que ha presentado un amplio beneficio neto este año. Por su parte, Gamesa se ha asociado recientemente con la francesa Areva para construir turbinas eólicas en el mar, por lo que la competencia en el sector está servida, encaminada a un futuro con cada vez menos actores y más fuertes.

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